La imperiosa necesidad que tenemos los seres humanos, en especial, de lograr los objetivos de evolucionar espiritualmente, es la razón fundamental del fiel cumplimiento del mandato superior, y los motivos esenciales de tener que transitar las etapas evolutivas; y recién así poder alcanzar aquello de los postulados y preceptos bíblicos cuando nos dicen que nacemos a imagen y semejanza del creador, siempre cumpliendo con sus preceptos que se pueden profesar a través de las diferentes filosofías teológicas existentes que, a la mayoría de nosotros se nos inculcan desde muy pequeños.
A los seres humanos no nos hace falta interiorizarnos de filosofías, ni de temores al castigo corporal, ni temores con el diablo, satanás, el infierno ni mucho menos con los sacrificios físicos, sino el convencimiento férreo de la evolución espiritual cumpliendo rigurosamente con los postulados del mandato superior superando todas las tentaciones del maravilloso mundo terrenal que Dios nos legó. Seguro estoy que es para ponernos a prueba y así evolucionamos espiritualmente, que es el alma misma.
Las filosofías del castigo físico, del enemigo que me está tentando para delinquir como el demonio, el diablo y demás métodos y procedimientos, no son los necesarios, sino el cumplimiento riguroso y escrupuloso del superior cotidianamente en cada uno de nuestros obligatorios actos y acciones que realizamos, porque hace a la esencia misma de una convivencia terrestre armónica, fructífera, próspera y con fe, siempre colmada de respeto y proyección hacia los demás; todo lo contrario del odio, el rencor del enemigo y la insensibilidad y el castigo corporal físico, que con actos de barbarie.
Solo nos hace falta para evolucionar espiritualmente el apostólico cumplimiento que es espiritual, las penalidades corporales son para la justicia de las leyes de las sociedades, que el estimo necesario en la etapa terrestre, para lograr así una convivencia racional de justicia que debe efectuarse racionalmente para las partes, distinguiendo siempre lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto, lo correcto de lo incorrecto, elementos que son virtudes del don de la inteligencia y sensatez que Dios nos ha brindado a los humanos para lograr acciones de corrección de nuestros actos inteligentemente para las acciones materiales en la etapa terrestre y guiarnos espiritualmente a los seres humanos y poder evolucionar hasta la separación de nuestras almas.
Las acciones espirituales solo evolucionan con acciones espirituales, no materiales de ninguna manera; meditemos el caso de Jesucristo y su regreso espiritual, no nos olvidemos que los cuerpos no se reencarnan, lo que regresa es el alma que es personal, porque cada uno es igual a sí mismo y diferente a todos los demás.
En uno de mis sueños mientras dormía, se me presentó mi hija Natalia hoy difunta, y me comentó que se me presentaría con un rostro que no era el de ella, pero que su voz sería la suya para yo tener las fuerzas de seguir adelante, guiándome para poder continuar así en las etapas superiores como demostración de que los castigos corporales son de las normas terrenales de justicia material, porque a los castigos espirituales solo los suministra Dios igual, que la evolución espiritual y la misma muerte.
Basta, entonces, del infierno, satanás, del diablo, de cumplir promesas con sacrificios físicos, dejemos eso para las penalidades terrenales, para las leyes de una convivencia armónica de las sociedades; los arrepentimientos son actos personales que los maneja solo Dios, para elevarnos a las etapas superiores como la interestelar que es la de la verdadera beatificación donde se corrigen los impedimentos y resabios de nuestra evolución espiritual del alma, y así poder ascender a la etapa sideral que es la última por ser eterna, por habernos ganado el derecho del reencuentro con todos nuestros seres queridos y otros seres maravillosos del más allá, para deambular eternamente por los infinitos cielos, sumado a todas las maravillas que solo Dios nos puede brindar rodeado de un verdadero glamur, similar a uno de mis sueños que tuve en mis noches de descanso corporal, cuando me enteré del fallecimiento días después de uno de mis mejores amigos, Carlos Hermenegildo Bertolotti (Ver “Los misterios de nuestra vida terrenal”).
Tenemos entonces el caso que nos legó Jesucristo con sus peregrinaciones espirituales, apostólicas y su muerte como diciéndonos "Nunca hagas a los demás lo que a mí me hicieron", pero sí la divulgación filosófica de mi teología espiritual que tiene como finalidad poner en valor al alma como meta suprema cumpliendo con los postulados y preceptos establecidos por el Supremo hasta alcanzar aquello de que nacemos a imagen y semejanza de Dios en la etapa terrenal, que es la verdadera de la puesta a prueba, enseñando y pregonando hasta alcanzar a esa imagen y semejanza, nunca la omnipotencia, y el espiritualismo de Dios, porque es supremo de todos sus semejantes por ser único y universal.
Cómo no pensar que existe un más allá si durante los sueños que he tenido, he visto cosas maravillosas que deben existir en algún lado, porque las he visto, las he escuchado, he disfrutado su música, sus animales, su maravillosa flora. Seguro estoy que debe existir, cuántos casos hay de personas con profunda evolución en este mundo, de quienes ven cosas que lo general de la gente no logran ver. Recordemos acá en Córdoba a Marchesini, como tantos otros que predicen cosas, confirmando que existe un más allá, porque durante los sueños y otras tantas expresiones han logrado ver y pronosticar hechos o situaciones que van mucho más allá de lo que podemos imaginar, evidenciando la existencia de lo superior, lo más alto.
A los 95 años de vida, como católico y apostólico,
Prof. Dr. Héctor José Ceppi
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